Un migrante venezolano identificado como Diego Vetencourt denunció la desaparición de los objetos personales que quedaron en el apartamento que alquilaba en el complejo Córdoba Doral, en el sur de Florida, después de que él y su esposa fueran deportados. El relato fue difundido por el propio afectado mediante un video publicado en sus redes sociales, en el que explicó las circunstancias de su salida y el estado en que encontraron la vivienda sus familiares.
De acuerdo con su testimonio, el procedimiento migratorio lo obligó a abandonar el inmueble el 27 de octubre, pese a que el contrato de alquiler tenía como fecha de culminación el 1 de noviembre. Debido a la premura del viaje, dispuso que su madre y una tía se encargaran de recoger lo que quedaba en el apartamento. No obstante, cuando ambas acudieron al lugar, encontraron la unidad sin muebles ni cajas, es decir, sin los artículos que allí permanecían.
Entre los bienes que ya no estaban, Vetencourt mencionó un televisor, un sofá, una cama y varias cajas con pertenencias. Según su versión, esos objetos no pudieron ser trasladados por la rapidez con que se produjo la salida del país. El denunciante sostuvo que la sustracción habría ocurrido mientras él aún conservaba derechos legales sobre el apartamento, es decir, antes del 1 de noviembre.
El afectado indicó que su partida solo era conocida por la oficina administrativa del condominio y por el supervisor del edificio, a quien identificó como Carlos Monsalve. En el video, Vetencourt afirmó que ninguna otra persona estaba al tanto de que abandonaría el territorio estadounidense. Asimismo, señaló que su situación migratoria actual le impide regresar al país para presentar una denuncia formal de manera presencial ante las autoridades policiales locales.
Qué cambia o a quién afecta
El caso expone una dificultad concreta para los migrantes que son expulsados de Estados Unidos: la imposibilidad de resguardar sus bienes una vez que cruzan la frontera. Vetencourt no solo perdió sus pertenencias, sino que además no puede acudir personalmente a una comisaría para denunciar el hecho, lo que limita sus opciones de recuperar los objetos o de exigir responsabilidades. Esta restricción práctica afecta directamente a los deportados que dejan atrás viviendas alquiladas y bienes personales, y que carecen de un mecanismo claro para protegerlos desde el exterior.
La denuncia también involucra a la administración del complejo residencial y al supervisor del edificio, quienes, según el relato, eran los únicos informados de la salida del inquilino. La confianza depositada en estas personas para custodiar el inmueble hasta el fin del contrato no impidió que los objetos desaparecieran. Esto sugiere que los protocolos internos de los condominios podrían no contemplar situaciones de emergencia en las que un residente debe abandonar el país de forma repentina, lo que deja un margen para la pérdida de bienes sin que se activen salvaguardas adecuadas.
Hacia el futuro, el caso podría requerir que los familiares del afectado o un representante legal en Estados Unidos inicien acciones para denunciar la sustracción, aunque el texto no precisa si ya se presentó una denuncia formal. La ausencia del denunciante complica la investigación, pero no impide que terceros actúen en su nombre. También queda por aclarar la responsabilidad de la administración del condominio al permitir el acceso o al no evitar la desaparición de bienes que estaban bajo su custodia, un aspecto que debería ser dilucidado por las autoridades locales si se formaliza una denuncia.
Fuentes consultadas
- Fuente original: www.elnacional.com (publicado el 31 de octubre de 2026)