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Venezuela: 30% de alumnos de Fe y Alegría sin acceso a clases a distancia

La red educativa reporta que miles de estudiantes quedaron fuera de la modalidad remota por fallas eléctricas, falta de conectividad y la crisis económica.

Venezuela: 30% de alumnos de Fe y Alegría sin acceso a clases a distancia

La educación a distancia en Venezuela no ha logrado llegar a todos los hogares. Fe y Alegría, red de escuelas de la Compañía de Jesús, informó que durante la última semana de abril un 30% de sus estudiantes permanecía fuera de la modalidad remota. La coordinadora nacional de Ciudadanía de esa organización, Yameli Martínez, señaló que los alumnos no alcanzados se concentran en zonas indígenas, rurales y fronterizas del interior, además de barriadas populares de la capital con problemas de comunicación.

La Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Redhnna) ya había registrado cerca de 10.000 deserciones escolares en el contexto de la emergencia humanitaria que afecta al país desde 2015. Su secretaria general, la socióloga Carla Serrano, advirtió que la coyuntura actual podría elevar esa cifra y planteó la necesidad de anticipar soluciones para evitar que más estudiantes abandonen las aulas.

Varios factores explican por qué una parte del alumnado quedó excluida. A los cortes de electricidad, que en el estado Táchira han superado las 48 horas continuas, se añaden las limitaciones de conexión: Venezuela ocupa posiciones rezagadas en los rankings mundiales de velocidad de banda ancha y móvil del portal Speedtest. A esto se suma el deterioro económico, que ha llevado a muchos estudiantes de secundaria y media a trabajar para contribuir al hogar.

Fe y Alegría prepara un plan de nivelación para quienes se reincorporen y puedan pasar al grado siguiente. No obstante, Martínez reconoció que no todos lo conseguirán, pues quienes se dedican a labores para ayudar en casa difícilmente retomarán los estudios. En los Altos Mirandinos, estado Miranda, la directora de zona Carmen Mota indicó que aún no se han solicitado cupos para básica y media del próximo año escolar, y que se espera hasta junio para conocer cómo será el proceso de reinscripción.

La interrupción de la presencialidad ya tuvo un antecedente: después de los apagones de 2019, la matrícula de las escuelas venezolanas cayó de forma importante. Fe y Alegría perdió entonces más de 25.000 alumnos. Al comenzar el año escolar bajo modalidad virtual, sus más de 100.000 cupos volvieron a llenarse, pero la llegada del coronavirus y la suspensión de actividades presenciales del 13 de marzo reavivaron el riesgo.

El cuerpo docente también enfrenta obstáculos. Para fines de abril, el 85% de los maestros de Fe y Alegría se había incorporado al trabajo a distancia, aunque un grupo en zonas remotas carecía incluso de teléfono inteligente. Entre el 20 y el 24 de abril, la mitad de los docentes tenía televisión, proporción que bajaba al 21% entre los alumnos. WhatsApp era la red social más disponible, con 34% de maestros y 18% de estudiantes.

El ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, afirmó el 7 de mayo que se había garantizado la conclusión del año escolar durante la cuarentena e informó del programa ‘Cada familia una escuela’, apoyado en radio, televisión y redes sociales. Istúriz indicó que el calendario prevé finalizar el 30 de junio y que los contenidos se han ido ajustando de forma progresiva. Para Serrano, en cambio, la adaptación ha sido improvisada y la mayoría de los involucrados ha lidiado con falta de electricidad, recursos y dispositivos.

Qué cambia o a quién afecta

El impacto más directo recae sobre los niños y adolescentes que no han sido alcanzados por la estrategia remota. Al quedar fuera del proceso, enfrentan el riesgo de perder el año escolar o de abandonar definitivamente el sistema educativo. La afectación es mayor en comunidades rurales, indígenas y fronterizas, donde las carencias de conexión y electricidad se combinan con menores recursos económicos. La necesidad de trabajar para aportar al ingreso familiar compite directamente con la continuidad de los estudios, sobre todo en los niveles de básica secundaria y media.

Los docentes también experimentan condiciones desiguales. Aunque la mayoría se ha incorporado a la dinámica a distancia, un segmento sin herramientas tecnológicas básicas queda limitado para acompañar a sus alumnos. Esa disparidad anticipa brechas de aprendizaje más profundas entre quienes pueden conectarse y quienes no. El antecedente de 2019, cuando la red perdió más de 25.000 estudiantes tras los apagones, muestra que las interrupciones prolongadas de la presencialidad suelen traducirse en caídas de matrícula difíciles de revertir.

En el corto plazo, la atención estará puesta en el proceso de reinscripción y asignación de cupos, que en zonas como los Altos Mirandinos todavía no registra solicitudes para el próximo año escolar. Junio aparece como el mes clave para saber cuántos alumnos regresan y cuántos se han desvinculado. El plan de nivelación de Fe y Alegría busca facilitar la reinserción, pero sus responsables admiten que no todos podrán recuperarse. La eficacia del programa oficial ‘Cada familia una escuela’ dependerá de su capacidad para llegar a los hogares sin televisión ni conectividad, un reto considerable en un contexto de fallas eléctricas y limitaciones de infraestructura.

Fuentes consultadas

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