El economista y político Diego Arria recuerda con dolor la expropiación de su hacienda La Carolina, ocurrida en 2010 durante el gobierno de Hugo Chávez. Para Arria, este hecho no solo representa la pérdida de un proyecto familiar de veinte años, sino que también es un espejo de la destrucción económica y social que ha sufrido Venezuela.
La Carolina, ubicada entre Nirgua (Yaracuy) y Bejuma (Carabobo), era una finca agropecuaria modelo de 376 hectáreas. Contaba con ganadería de alta genética, cultivos de cítricos, café y maíz, y daba empleo a unos 30 trabajadores. Además, incluía una tienda, una casona colonial y una capilla. Arria la describió como un ejemplo de cómo podría ser una Venezuela organizada y productiva.
El 30 de abril de 2010, funcionarios del Instituto Nacional de Tierras (INTI), respaldados por la Guardia Nacional, irrumpieron en la propiedad y declararon su expropiación bajo la Ley de Tierras. Arria sostiene que no hubo un proceso legal formal, sino una invasión armada. La finca fue saqueada y los trabajadores desalojados sin indemnización.
El gobierno de Chávez justificó la medida como la recuperación de un latifundio ocioso, aunque Arria afirma que la propiedad tenía todos los papeles en regla. El entonces presidente llegó a transmitir en vivo desde la hacienda, mostrando a niños en la piscina y calificando la acción como un rescate para el pueblo.
Tras el despojo, Arria llevó su caso a la Corte Penal Internacional en 2011, denunciando crímenes de lesa humanidad. La denuncia no prosperó de forma individual, pero contribuyó a que la CPI abriera una investigación sobre Venezuela en 2018.
En 2026, imágenes difundidas por el influencer Carlos Lozano mostraron la hacienda en ruinas, con instalaciones abandonadas y la naturaleza recuperando el espacio. Arria expresó su deseo de recuperar la tierra para sus hijas y nietos, aunque reconoce que la reconstrucción tomaría al menos diez años y requeriría un esfuerzo monumental.
El caso de La Carolina es, para Arria, un reflejo de la situación del país: “Recomponer lo destruido es más difícil que comenzar a hacer algo nuevo”.
Fuente original: www.elnacional.com